La Mallorca es sencillez bien hecha, que es la clase de sencillez que cuesta trabajo. La tira que cruza el empeine no está cortada ni cosida: es cuero trenzado a mano, entrelazado tira sobre tira hasta formar una superficie continua. No hay costuras que se abran ni uniones que cedan, porque no hay uniones. El trenzado es la estructura.
Trabajamos cuero curtido al vegetal, que en una sandalia importa más que en cualquier otro calzado: al ir sobre piel descubierta, el curtido con taninos naturales evita la irritación que provocan los cromados, y con el calor no transfiere color. Los bordes se rebajan a mano para que el trenzado apoye plano sobre el empeine y no marque.













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